sábado, 6 de agosto de 2011

Romero, mastranto y arte… mucho arte


Mayte Martín, con Juan Ramón Caro, en un momento de su actuación.

XXXVII 'Festival Castillo del Cante' Ojén (Málaga). 6/8/2011


Entre aromas de romero y mastranto, el festival ‘Castillo del Cante’ de Ojén alcanzaba su trigesimo séptima edición, con el siempre eficaz Salvador de la Peña como maestro de ceremonias. Abrió el fuego El Pibri de Álora, secundado por el Niño de Aljaima a la guitarra, por soleá. Su aspecto bohemio (barba poblada y mascota) unido al pellizco con el que canta y su don de gentes hacen que sepa ganarse al público desde el primer momento. También interpretó malagueñas y abandolao, fandangos, cantes de Levante y milonga, sentida y dulce. Se atiene a los cánones, pero con personalidad. Se despidió por fandangos con letras reivindicativas, al estilo de El Cabrero.

La onubense Pilar Bogado, estrella televisiva del programa ‘Menuda Noche’, de Canal Sur TV, ¡a sus doce años!, sorprendió por su desparpajo para afrontar dignamente cantes con tanta enjundia como la malagueña de Chacón, con su abandolao correspondiente, en este caso el fandango de Frasquito Yerbabuena, tangos, cantiñas y seguiriya, “un cante muy difícil, pero es mi preferido”. La trianera Esperanza Fernández confesó en una ocasión que ella fue incapaz de cantar por seguiryas a esta edad, por lo que le augura un gran futuro. Es un diamante en bruto. Carmelo Picón le acompañó con solvencia a la guitarra y arrancó unos merecidos aplausos con sus falsetas. Valiente y bravía, rindió homenaje a su tierra por fandangos, en la despedida, y no se fue sin cantar por bulerías.

Turno para Luis de Córdoba, clásico de la vieja escuela. Peina canas de sabiduría y madurez. Da gusto escucharlo en la vidalita (los cantes de ida y vuelta siempre se le dieron muy bien), secundado por Manuel Silveria, magistral a la guitarra. ¡Y cómo modula su voz! Acto seguido, toná, liviana de su creación y seguiriya. Quejío dulce, hiriente, pero tamizado por su bella voz. También interpretó alegrías, incluida una jota (no se olvide que, según algunos estudiosos, está en el origen de las alegrías), malagueñas con abandolao y tientos-tangos. Dijo adiós por fandangos.

Momento para el baile de una artista local, Fina La Churruca. Descolla en el cuadro flamenco que la acompaña Bonela Hijo, al cante. Lo completan Ramón Rodríguez, a la guitarra, y El Yaya y Miguel Infante, a las palmas. El cantaor malagueño abre la actuación con una toná muy sentida. Prosigue por seguiriyas y alegrías. Es un baile, el de La Churruca, de corte clásico y personal. Más contenido en el primer palo y libérrimo en el segundo. Despedida por bulerías.

Aún quedaban los dos momentos estelares de la noche. El primero, con Mayte Martín, cuya voz, con una afinación prodigiosa, te atraviesa. Le acompañaba Juan Ramón Caro, elegante y pulcro en la pulsación. Principió la catalana por granaínas y continuó por malagueñas de Chacón y abandolaos (rondeña y fandango de Frasquito Yerbabuena). Inmenso Caro, colosal Martín. Perfectamente acoplados. En los fandangos, hizo un guiño a Morente. Pese a su grandeza (y quizá por eso), su entrega es absoluta, en cuerpo y alma. Dedicó la guajira, “al maestro de estos cantes, Juan Valderrama”. Dulzura y profundidad a raudales. Con el público puesto en pie, arrostró las bulerías. Aún habría tiempo para la belleza del bolero (Un compromiso, de Machín) y de la copla (Ten cuidao, de Rafael de León y Solano).

La guinda la puso Arcángel, con su inseparable Miguel Ángel Cortes, primoroso en el toque. Este cronista los ha visto en directo tres veces en nueve meses y es una delicia repetir. Por soleá, el onubense se mostró profundo, elegante, grande. En la malagueña del Mellizo, Cortés fue muy aplaudido por su falseta. La remató Arcángel con un abandolao (rondeña) muy celebrado. Ofreció, acto seguido, una larga tanda por tangos, con guiños a Camarón. Por seguiriyas, cante duro y difícil donde los haya, canta con una facilidad pasmosa. En las alegrías, con la habitual y bella introducción casi en un susurro, con la guitarra como bajo, se alcanzó un momento álgido. Brillante despedida por fandangos de su tierra, con homenaje incluido al gran Paco Toronjo.




viernes, 15 de julio de 2011

Bendita sea la pureza… y la fusión


Revista La Flamenca

'Festival de Verano Terral 2011' Málaga. Teatro Echegaray 15/7/2011 

Texto: Francisco Reina
Foto: Daniel Pérez 
Hijo del mítico Perrate de Utrera y nieto del legendario Manuel Torre, Tomás de Perrate parecía predestinado a ocupar un lugar privilegiado en el flamenco, empero estamos ante un cantaor tardío, que obtuvo el espaldarazo definitivo a su carrera al lograr el ‘Giraldillo al Artista Revelación’ en la Bienal de 2002. 

Abrió su actuación por tonás mientras Antonio Moya le marcaba el compás con los nudillos. Canta gitano, puro. No es la suya una voz poderosa, pero sí con personalidad y ecos añejos. Su padre solía incluir en su repertorio los cantes (popularmente conocidos como tangos) del Piyayo, acompañado por la personalísima guitarra de Diego del Gastor. “Hay un cachito de Málaga en mí”, explicó el utrerano, que interpretó dichos cantes con pellizco. Se mostró humilde al arrostrar la malagueña de El Mellizo: “Es una osadía, pero éste es el sitio”. Sin grandes facultades, transmite verdad en su cante. Moya, fino y brillante guitarrista, supo darle su sitio al cantaor, que remató con el clásico abandolao (rondeña y cantes de Juan Breva), muy sentido, aunque le faltara potencia de voz. En las cantiñas de Pinini, salieron a relucir el compás y el duende. Profundo y sincero se mostró en su versión, con bajo y guitarra acústica, del ‘Romance del amargo’, homenaje a Camarón, “sin sus decibelios”.

Un pianista cubano y un batería de Lebrija, sobrino del cantaor, se unen a bajo, percusión y guitarra acústica en una rumba instrumental con toques jazzísticos. Es el preludio de la segunda parte de su actuación. De la pureza a la fusión. Tomás de Perrate, enhiesto, da rienda suelta a su lado más ecléctico. Presenta su nuevo disco, ‘Infundio’, en el que incluye una estupenda versión, muy lograda, de ‘Te vi’, del argentino Fito Páez, por bulerías. Prosigue con ‘Se nos rompió el amor’, de Manuel Alejandro, que cantara Rocío Jurado y también Fernanda de Utrera, a la que homenajea y toma como referente. Pellizco y emoción a flor de piel. Brinda al público una acertada revisión de los cantes del Piyayo con aires cubanos: “Os llevo en el alma”.

Suena el tema que da título a su nuevo álbum, una delicia. Parece un rockero al más puro estilo del sevillano Silvio o el malagueño Rockberto (de Tabletom), recientemente fallecido, desvariando (en el buen sentido) en el escenario. En la despedida, fin de fiesta por bulerías con el soniquete característico de Utrera, al que se suma Antonio Moya, inmenso, con pataíta final de Ricardo Moreno, guitarrista y productor del disco. Un par de peros: a veces, la banda tapa la limitada voz del cantaor y se echó en falta que interpretara una soleá de su tierra. Aun sí, bendita sea la pureza, bendita sea la fusión.

Fuente: www.revistalaflamenca.com

viernes, 8 de julio de 2011

Poveda tomó el castillo de Fuengirola



Revista La Flamenca
`XVI Festival Ciudad de Fuengirola’ - Fuengirola (Málaga). Castillo Sohail 8/7/2011
El castillo Sohail de Fuengirola, abarrotado de público, se rindió ante Miguel Poveda, que ofreció un recital de cante y copla de dos horas y media de duración con el que demostró por qué ocupa el primer puesto del escalafón flamenco.

Abrió por tonás, verdad desnuda del cante, toda una declaración de intenciones. Y prosiguió, en un primer guiño a Málaga, por malagueñas de Chacón, en una recreación personal, rematadas con abandolaos (rondeña y zángano de Puente Genil). Anunció: “De Málaga a ‘Cai’” E interpretó unas cantiñas con mucho sabor y pellizco, en claro homenaje a Camarón y a Cádiz, con algún guiño a Málaga en las letras. Aparece en escena una bailaora con mucho donaire. Se trata de Laura Rozalén, que parece salida de un cuadro costumbrista de los que describía Estébanez Calderón. Formas pretéritas (con mucho hincapié en el braceo) puestas al día. Poveda le da la réplica a Rozalén con una pataíta sin dejar de cantar.

Ofreció, acto seguido, la soleá de Charamusco, con una modulación de la voz exquisita y profunda, arte en estado puro. Esbozó un homenaje a los clásicos, sin guitarra, tras calarse una mascota y apuntar una guajira. Y de los aires caribeños a los tangos de Triana, con mucho compás, con la guitarra magistral de Chicuelo, las palmas de Luis Cantarote y Carlos Grilo y la percusión de Paco González. Y si bien en esta primera parte de su actuación predominó el flamenco, también hubo lugar para la copla: ‘Y sin embargo, te quiero’, muy celebrada, ‘Vino amargo’, de Rafael Farina, y ‘Esta pena mía’, popurrí de coplas incluido en su exitoso álbum ‘Coplas del querer’. A continuación, bulerías sobradas de compás y con guiños a Camarón, con la guitarra excelsa de Chicuelo. Inmenso Poveda, apoteósico, con un absoluto dominio de la escena. Tras una hora de actuación, Joan Albert Amargós pone la pausa con el piano.

Vuelve a escena con chaqueta blanca y ofrece otro popurrí de coplas. No se olvide que es un flamenco que canta copla, por lo que está sobrado de facultades, a las que añade infinidad de matices en la interpretación. Interpreta ‘Ojos verdes’, que dedica a Pasión Vega, allí presente, y la zambra ‘A ciegas’, de Quintero, León y Quiroga, incluida en la banda sonora de la película ‘Los abrazos rotos’, de Almodóvar. Se incorpora Chicuelo y homenajea a Farina, “uno de mis grandes ídolos”, con ‘Como las piedras’. Y entre col y col, sevillanas rocieras, a petición del respetable. Siguen los homenajes, en este caso, a Morente. Suena, espectacular, ‘La aurora de Nueva York’. Dedica un fandango caracolero a una torre del castillo, que le recuerda a la torre de la Vela de la Alhambra. Y continúa con su particular homenaje a los maestros del cante, con ‘La leyenda del tiempo’, de Camarón. Versión luminosa, con toques jazzisticos.

En la despedida, ‘Mis tres puñales’. Pellizco y profusión de melismas. Ya en los bises, la percusión y las palmas introducen con un precioso compás ‘Esos cuatro capotes’, copla por bulerías de La Paquera de Jerez. No podía faltar ‘Alfileres de colores’, que escribió Pedro Rivera tras asistir en la Maestranza a un mano a mano entre Curro Romero y Rafael de Paula y que musicó Diego Carrasco, con el diestro malagueño David Galán dando pases en el escenario. A solas con el piano, canta ‘Te lo juro yo’. Sorpresivamente, y como guinda, aparece en el escenario Pasión Vega e interpreta el estribillo de ‘Y sin embargo, te quiero’. Emoción y belleza a raudales.
 Fuente: www.revistalaflamenca.com

jueves, 23 de junio de 2011

El Cabrero, fiel a sí mismo y a los cánones


“Una vez me preguntaron qué era para mí el flamenco y respondí: ‘No lo sé… Si te digo como el sol, como el agua y como el aire, miento, porque sin esas tres cosas no podría vivir. Pero es cierto que, si el flamenco no existiera, yo nunca hubiera ahondado tanto en mis propios sentimientos. Mi rebeldía y mi pasión no hubieran tenido esa música que parece hecha para expresar todos los recovecos de uno mismo; desde el más irrefrenable arrebato a la mayor de las ternuras’. Y de todo eso hay en este ‘Pastor de nubes’, además de un convencimiento: Andalucía, mi tierra, sólo será ella misma mientras no dejen de sonar por las vegas de sus ríos, por la sierra y por el mar los cantes antiguos en las voces jóvenes”. Así presenta El Cabrero su flamante nuevo disco, autoeditado (Atípicos y Utópicos, 2011), después de quince años sin publicar álbumes de flamenco (en 2008 vio la luz ‘Por los caminos del viento’, su segundo trabajo de tangos argentinos), pero sin dejar de actuar, al ser uno de los cantaores más solicitados por los organizadores de festivales.

Fiel a sí mismo y a los cánones de lo jondo, ofrece un muestrario de cantes puros, en los que expresa su verdad desde lo más profundo. Buena prueba de ello es que canta sus propias letras -escritas al alimón con Elena Bermúdez, su mujer, representante y productora del disco- en siete temas (Liviana y serrana, en homenaje a Miguel Hernández, mariana, seguiriya, fandangos, soleá, malagueña y rondeñas y fandangos naturales), en los que se muestra reivindicativo y contestatario. La letra del corte que da título al disco (pregón por zambra) la firma Bermúdez, en tanto que la toná (‘Tengo el alma desgarrada’) es un fragmento de un poema (‘Mi pequeña carta al mundo’) de Marcos Ana y la canción por bulería, su particular versión flamenca de ‘Si se calla el cantor’, de Horacio Guarany.

Como afirma el propio cantaor en los créditos, ‘Pastor de Nubes’ es un trabajo hecho “con la paciencia del pastor y entre amigos”: Rafael Rodriguez, su guitarrista habitual, brillante en el acompañamiento, y Kutxi Romero, vocalista de Marea, al yunque en la toná. Como curiosidad, de las mezclas se ha ocupado Kolibrí Díaz, guitarrista de Marea. No defraudará a sus seguidores, pero tampoco a quien quiera deleitarse con un cante bien hecho y con personalidad, con el poso y la sapiencia que dan los años.

lunes, 8 de noviembre de 2010

Entrevista a Virginia Gámez



 Como muestra de la ‘Málaga cantaora’ de Manuel Machado, un botón, Virginia Gámez Gil (Málaga, 1978), cantaora de voz portentosa y precoz en la consecución de metas, no en vano alcanzó la final del prestigioso Concurso de Cante de Las Minas, en La Unión (Murcia) , con sólo trece primaveras. Siete años más tarde, se reivindicó en un recital de casi cuatro horas en el que interpretó 35 palos del flamenco. Canal Sur TV, en homenaje, le dedicó un programa de ‘Senderos de gloria’. Compagina sus actuaciones con su labor como profesora y directora del taller de cante de la Federación Malagueña de Peñas Flamencas. También ejerce su magisterio en la Fundación Cristina Heeren. Naranjito de Triana fue uno de sus maestros. Hay un rasgo de tu biografía que destaca sobremanera, tu precocidad. Fuiste finalista del Concurso de Cante de Las Minas, el más prestigioso del flamenco, en La Unión, con tan solo trece años. 

¿Cómo viviste algo así, tan grande, a tan corta edad?
Tú lo has dicho, algo muy grande. Me impresionó muchísimo estar en la final del Cante de Las Minas a tan corta edad, rodeada de tan buenos artistas y en un lugar tan emblemático y con tanta enjundia y solera como es el mercado de La Unión, una experiencia inolvidable.

Suele citarse al flamencólogo José Baena como tu primer maestro. ¿Qué aprendiste de él?
De Baena, lo aprendí todo. Lo conocí con doce años y ha sido la persona que me ha enseñado a amar y respetar el cante; personas como él no las ha habido ni las habrá, un señor de los pies a la cabeza. Le estaré agradecida toda mi vida, a él y a su familia, por lo que han hecho conmigo.


Con veinte años, ofreció un recital de casi cuatro horas: “Era una forma de gritar al mundo mi afición”


En junio del 99, con veinte años y tras ganar innumerables premios, interpretas 35 palos del flamenco en el malagueño teatro Alameda, en un recital de casi cuatro horas de duración. ¿Cómo surgió aquello?
La idea surgió de mi maestro, Pepe Baena. Nos lo propuso a mí y a mi padre y nos pusimos manos a la obra. Era como una forma de gritar al mundo mi afición, mis ganas y mi amor al flamenco, un reto en toda regla, una locura… Pero, gracias a Dios, salió todo muy bien. Fueron cuatro horas menos diez minutos de espectáculo, donde tenía a todo el mundo con el alma en vilo, porque la responsabilidad era enorme, pero salió todo a la perfección y eso me abrió muchas puertas, y mi nombre, poco a poco, fue sonando.

A lo largo de tu trayectoria, has participado en numerosos festivales, en los que has compartido cartel, entre otros, con: José Mercé, Calixto Sánchez, José Menese, José de la Tomasa, Fosforito, Carmen Linares, Niña de la Puebla, Juanito Valderrama, Chano Lobato… ¿Alguno de ellos te impresionó especialmente al conocerlo en persona? ¿Podrías compartir con nosotros alguna anécdota?
Me impresionó conocerlos a todos. Me quedaba embelesada mirándolos y no me atrevía ni a acercarme del respeto que me causaban y me siguen causando. Ten en cuenta que yo iba con mi padre de la mano, cuando era pequeña, a escucharlos a los festivales que se hacían en la provincia de Málaga; y de admirarlos tanto desde el público a sentirlos cerca, el cuerpo me temblaba. Todos se portaban maravillosamente conmigo y me daban muchos ánimos. De todos tengo algo que contar, pero recuerdo con especial cariño cuando Chano Lobato me dijo: “Sobrina”. Fui a mi padre a contárselo corriendo con una gran ilusión.

También has actuado en el extranjero: en Tánger, Suiza, Bruselas, Innsbruck (Austria), donde representaste a España en el Festival Internacional de Voces en el 99; en el Instituto Cervantes de Manchester; en Tel Aviv, con la compañía de Rafael Campallo; y en Cuba, en la primera misa flamenca que se celebró en la catedral de La Habana. ¿Cómo sienten el flamenco en esas latitudes? Me imagino que la misa flamenca en tierras cubanas debió de ser para ti una experiencia única.

El flamenco en el extranjero, aunque no lo parezca, se siente muchísimo. La gente es encantadora y muy respetuosa. Yo, gracias a Dios, las veces que he salido fuera me he sentido muy arropada y querida. El flamenco es universal, gusta en todos lados. Y la misa en La Catedral de la Habana, algo impresionante. La verdad es que me siento una persona afortunada; he tenido unas experiencias inolvidables gracias al flamenco.

¿Cómo fue tu experiencia en la prestigiosa Fundación Cristina Heeren de Arte Flamenco, primero como alumna y luego como profesora?

Guardo muy buenos recuerdos, es una de las mejores cosas que me han pasado en la vida. Aprendí tanto en el terreno personal como en el profesional, y conocí a dos de los artistas más admirados por mí: José de la Tomasa y Naranjito de Triana. Cuando entré en sus clases, no me lo podía creer. No podía ni abrir la boca de los nervios que sentía. Tuve la suerte también de estar al lado de artistas tan grandes como Manolo Soler, Milagros Mengíbar, Paco Taranto, etc. Primero, estuve un año de becaria y, al segundo, pasé a ser profesora de apoyo y, después, profesora. Le debo muchísimo también a la Fundación por darme el privilegio y la oportunidad de estar allí. Si Dios quiere, para enero, vuelvo a dar un curso de tres meses.

La cantaora onubense Rocío Márquez, lámpara minera en 2008, se formó en dicha Fundación, donde asegura que aprendió muchísimo de maestros como José de la Tomasa y Paco Taranto, pero también de gente joven como tú, Sonia Miranda, Vicente Gelo y Javi Rivera. “Tenemos la idea de que hay que aprender de personas mayores, pero, a mí, estas personas me han enseñado muchísimo y sólo tenían unos pocos años más que yo. Les estoy muy agradecida”. ¿Qué piensas cuando alguien como ella dice esas cosas de ti?

Uf, es algo inexplicable. ¡Qué linda es! Recuerdo perfectamente esa entrevista que le hicieron a Rocío. De hecho, la llamé para agradecerle su deferencia hacia mí. Es muy grato poder aportarle algo a alguien; y si, al cabo de los años, esa persona lo recuerda y te lo agradece, es una de las cosas más bellas que puede hacer el ser humano. Cosas como estás hacen grandes a las personas y al flamenco.

Has participado tanto en la Bienal de Sevilla (en la compañía de Rafael Campallo) como en Málaga en Flamenco (Bienal de Málaga), en un espectáculo dirigido por Calixto Sánchez. ¿Cuál es tu opinión sobre ambas bienales?

Siempre en positivo, es un escaparate indiscutible para poder expresar nuestras ideas, formas y sentimientos. Ambos acontecimientos no deberían perderse nunca. Dios quiera que sigamos teniendo el mismo apoyo de las instituciones durante muchísimos años.

Actualmente, compaginas tus actuaciones con tu labor como profesora y directora del taller de cante en la Federación Malagueña de Peñas Flamencas. ¿Cómo ves a las nuevas generaciones de cantaores?

Hay una nueva oleada de cantaores y cantaoras en Málaga que va a dar que hablar. Se está creando muy buena afición, no sólo a nivel de cante, sino a nivel de baile. Susana Lupiáñez, ‘La Lupi’, está formando a bailaores y bailaoras que, el día de mañana, van a ser un referente en el baile, igual que lo es ella. Estamos muy contentos con la labor que estamos haciendo, y todo ello gracias siempre a la Diputación Provincial, que nos presta año tras año su apoyo, y gracias también a la lucha incansable de la Federación Malagueña de Peñas Flamencas.

En tu repertorio en directo sueles incluir una preciosa versión de ‘Mediterráneo’, de Serrat, por bulerías. ¿Cómo se te ocurrió adaptar ese clásico al flamenco?

Gracias a mi padre, que siempre ha sido un enamorado de Serrat y me lo ha inculcado a mí. Nos gustaba a los dos ese tema y lo versionamos por bulerías. A mí me encanta cantarlo y es un tema muy especial para mí.


“Naranjito de Triana ha sido y es un referente en mi vida, un ser excepcional y un artista inigualable”


Uno de tus palos bandera es la petenera, denostada por algunos, al atribuirle mal fario, pese a su gran belleza. ¿No será, como piensan otros, que se interpreta poco por su gran dificultad?
Has dado en el clavo, yo pienso lo mismo. La petenera no trae mala suerte ni mucho menos; la suerte de cada uno está echada y la petenera no tiene nada que ver ahí. Ese bulo de la mala suerte, en mi opinión, se creó para, así, no cantarla, por la gran dificultad que entraña el cante, uno de los más bellos que se haya podido crear.

Recientemente, estuviste en el programa ‘Mira la vida’, de Canal Sur TV, defendiendo la candidatura del flamenco para que sea inscrito en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la UNESCO. Hace cinco años, hubo un primer intento fallido. ¿Crees que se logrará en esta ocasión?
Creo, espero y deseo. Beneficiaría mucho a nuestro arte y supondría, por parte de la Junta de Andalucía, que es la institución que propone la candidatura, la obligación, aún más si cabe, de salvaguardar y proteger nuestro arte.

Acabas de volver de una minigira por Valladolid, Salamanca y Zamora. Te acompañaban el guitarrista Rubén Levaniegos y el crítico Manuel Bohórquez, quien asegura haberte descubierto en este viaje y que lograste emocionarlo con “unas granaínas bellísimas y unas soleares trianeras que me devolvieron por un instante a mi entrañable amigo Naranjito de Triana, cantaor al que Virginia venera y recuerda con su voz”. Bonito elogio, ¿no te parece? ¿Qué recuerdos tienes de Naranjito, al que tuviste como profesor?
Un elogio bello, sí señor. Me ha encantado conocer más detenidamente a Manuel Bohórquez; hemos compartido muy buenas charlas de cante y de risas. Me encanta escucharlo; se aprende muchísimo con él y eso me fascina. Es una bellísima persona y le estaré siempre agradecida. Y de Naranjito, ¿qué te puedo decir? Ha sido y es un referente en mi vida, un ser excepcional y un artista inigualable, amigo de sus amigos, respetuoso al máximo y con una sabiduría e inteligencia extremas. Tuve la suerte de hablar mucho con él y era un ser entrañable. Le debo parte de mi afición y de mi amor al flamenco.

¿Cuáles son tus proyectos de futuro?
Cantar, cantar y cantar, y a ver si hay suerte y este año puedo grabar mi disco, que tantas ganas tengo.

Fuente: www.revistalaflamenca.com

jueves, 14 de octubre de 2010

Entrevista a Manuel Santiago Maya ‘Manolete’


Empezó a bailar con siete años en las cuevas granadinas del Sacromonte. Luego, cuanto contaba quince primaveras, siguió los pasos de su hermano, el malogrado guitarrista Juan Maya ‘Marote’, y se trasladó a Madrid, donde coincidió con artistas de la talla de Pilar López, Antonio Gades, Mario Maya o El Güito.Más tarde, vendrían las giras internacionales, que le llevarían incluso a Japón. Posteriormente, formó su propia compañía, con la que montó exitosos espectáculos que le granjearon el Premio Nacional de Danza, en 2002, entre otros reconocimientos a su trayectoria. Su farruca y sus alegrías causan admiración. Les hablamos de Manuel Santiago Maya (Granada, 1945), Manolete para el arte. El flamencólogo y crítico Juan Vergillos define su arte como “absolutamente personal, intransferible. De marchamo clásico, viril, vertical, sobrio, seguro y con dominio del espacio escénico”. Y añade: “Pausado y seguro, técnico y variado, así es el baile de Manolete”.

Sus inicios en el baile flamenco fueron con sólo siete años en las cuevas del Sacromonte granadino. ¿Qué recuerdos guarda de aquello?
Tengo muchos recuerdos de mi niñez: trabajar con mi madre y mi hermano, mis primeros pasos.

El flamenco granadino y, en particular el baile, no se podría entender sin las cuevas del Sacromonte. ¿Qué han supuesto para usted dichas cuevas?
Como ya te he dicho antes, fue mi aprendizaje. Y se dice que los bailaores granaínos tenemos mucha fuerza en los pies porque hemos bailado en el suelo y no en tarima.

En ese legendario lugar, frente a la Alhambra, tiene su escuela de baile, La Chumbera, ¿qué distingue a ésta de las demás escuelas de baile flamenco?
Es única en el mundo. Te voy a decir por qué: consta de tres mil metros y tiene un auditorio con una cristalera con la Alhambra de marco y un humilde maestro de maestros y del mundo.

Volviendo a su trayectoria profesional, con quince años, siguiendo los pasos de su hermano Juan Maya ‘Marote’, se traslada a Madrid, donde coincide con artistas de la talla de Pilar López, Antonio Gades, Mario Maya o El Güito. ¿Qué le aportaron estos grandes de la danza?
En primer lugar, tengo que agradecerle a mi hermano Juan que me llevara a Madrid y me obligara a estudiar. Después, estuve en el Ballet Nacional de España, bajo la dirección del maestro Antonio Gades, quien me dijo: “Tú vas a bailar mi farruca”. Y así fue. Empecé a amar el teatro, que es el sitio donde me gusta bailar.

“Los flamencólogos, críticos y artistas consideran mi farruca y mis alegrías joyas de la danza flamenca”


Después, vendrían las giras en compañías de figuras como Manuela Vargas, María Albaicín o La Chunga, llegando a actuar incluso en Japón. ¿Es cierto que hay tanta afición al flamenco en este país como se comenta? ¿Ha podido constatarlo usted cuando ha actuado en aquellas latitudes?
Muchísima. Eso te lo puedo asegurar. He estado veintiséis veces en Japón. Les gusta mucho el flamenco, lo respetan y lo entienden.

En los 90 forma su propia compañía y presenta espectáculos como ‘Flamenco soy’, ‘El amor brujo’ y ‘Latido flamenco’. ¿Qué supuso esto para usted como artista?
‘Flamenco soy’ fue considerado el mejor espectáculo de flamenco de 2000. Mis coreografías, como ‘Latido flamenco’ para el ballet andaluz, fueron un gran éxito. Así lo dijo la crítica. También ‘Entreverao’, para el Ballet Nacional de España. La verdad es que estoy muy contento con mis coreografías; tienen mi sello y son mías. Eso es muy importante para un artista.

¿Qué tienen su farruca y sus alegrías que todos coinciden en señalar como sus bailes bandera?
Yo te digo lo que dice la gente: los flamencólogos, críticos y artistas las han considerado joyas de la danza flamenca. Mi criterio es que tienen una personalidad que es la mía y expresan todo lo que yo soy y siento.

¿En qué tipo de escenario se siente más cómodo: un teatro, un festival, un tablao flamenco…? ¿Por qué?
Sin duda, en un teatro. Más que nada soy un bailaor al que le gusta andar y moverme por el escenario, pero no hay que quitarle merito a los tablaos, porque mantienes mucha comunicación con el público.

¿Hay algún palo bailable del flamenco que no haya bailado en sus espectáculos?
No, la verdad que no.

 

“Los flamencos no nos jubilamos; mis proyectos de futuro son seguir formando figuras del baile”


¿Y alguno del que nunca haya prescindido (aparte de la farruca y las alegrías)?
Seguiriyas y soleá siempre están presentes en mis espectáculos, o bien bailados por mí o por mi compañía.

Cantaores, hoy reconocidos, como Guadiana o El Cigala le acompañaron en el pasado cuando aún eran jóvenes promesas. Tenía buen ojo, ¿no?
La verdad es que me gusta el buen cante, para poder tener un buen baile. Personajes como el Tío Moro, Rafael Fajardo, Ramón ‘El Portugués’, Guadiana y Diego ‘El Cigala’.

Farruquito tiene previsto impartir próximamente un cursillo en su escuela. ¿Qué opina del panorama actual del baile flamenco?
A ver, a mi me encanta la juventud. Y ellos son lo que viene, pero me encantaría que antes de mirar para delante, echen un vistazo atrás.

Cuando a uno le conceden galardones como el Premio Nacional de Danza o la Medalla de Oro al Mérito de la Ciudad de Granada, esto es, le reconocen a nivel nacional, pero también en su tierra, ¿cómo se digiere esto?
Con mucho orgullo y alegría. Es un reconocimiento a tu trabajo.

 “Me encanta la juventud, pero me gustaría que antes de mirar para delante, echen un vistazo atrás”


Este año alcanza la edad de la jubilación (aunque el Gobierno actual estudia ampliarla a los 67), pero veo que sigue dando clases en su escuela… ¿Tiene previsto jubilarse algún día? ¿Cuáles son sus proyectos de futuro?
(Risas) ¡Qué va! Los flamencos no nos jubilamos. Mis proyectos de futuro son seguir formando figuras del baile, como lo he hecho hasta ahora, para que el flamenco siempre esté presente y el maestro Manolete, también.

miércoles, 7 de julio de 2010

Entrevista a El Cabrero


José Domínguez Muñoz (Aznalcóllar, Sevilla, 1944), El Cabrero para el flamenco, es uno de los más singulares y controvertidos cantaores que ha dado el cante jondo. Pese a su rotundo éxito de público –sigue llenando dondequiera que va-, no ha prescindido de sus cabras, a las que considera su refugio. Ni siquiera cuando se embarcó en la gira norteamericana de Peter Gabriel, allá por 1993. Considerado un firme defensor de los palos tradicionales del flamenco, ha grabado, empero, dos discos de tango argentino (‘Sin remache’ y ‘Por los caminos del viento’) y colaborado en discos de grupos de rock (Reincidentes y Marea). Descolla en los palos más duros: seguiriya, solea y toná, no en vano obtuvo en su día dos premios nacionales (por soleá y por malagueña) en el Concurso de Arte Flamenco de Córdoba, si bien es muy conocido y reconocido por sus fandangos. Tras casi cuarenta años de trayectoria, en los que se ha mantenido fiel a sí mismo y a sus convicciones, volverá al estudio de grabación, tras su gira de verano, para registrar el que será su nuevo disco, ‘Pastor de nubes’.

¿Cómo ha podido compaginar durante todos estos años el cuidado de sus cabras con su actividad como cantaor, máxime en periodos en los que ha ofrecido infinidad de actuaciones, algunas de ellas en el extranjero?
Cuando más tiempo estuve apartado del cuidado de las cabras fue durante la gira con Peter Gabriel, que fue un mes seguido. Pero, como casi todo el año canto por aquí, no es complicado compaginar las dos cosas.

¿Le han (o se ha) planteado grabar un disco con las letras de otro cabrero genial como fue Miguel Hernández, al que ya le dedicó una toná?
Sí que lo quiero hacer, cuando llegue el momento.

¿Por qué decidió crear su propio sello discográfico, Atípicos y Utópicos? ¿Le habían dado la espalda las discográficas o le habían puesto condiciones inasumibles para grabar? Hace poco le oí decir a un guitarrista flamenco que, para grabar un disco, a un cantaor le exigían que incluyera muchos palos festeros y coros.
Yo no soy muy amigo de grabar a menudo, me gusta más llevar los cantes al directo, y con las discográficas uno tiene que cumplir plazos y sacar discos cuando lo mande el contrato. Teniendo nuestro propio sello, tanto yo como mi hijo Zapata grabamos cuando queremos y lo que queremos.

“Que estoy marginado, o censurado, está a la vista y no es que me queje, denuncio, que no es lo mismo”


Pese a no aparecer en televisión ni contar sus discos con un respaldo publicitario potente, suele atraer mucho público a los festivales en los que participa. Eso sí, se queja (no sin razón) de que no le incluyan, por ejemplo, en la programación de la Bienal de Sevilla ni en la del sevillano Teatro Maestranza. ¿Se considera marginado en ese sentido?
Que estoy marginado, o censurado, está a la vista y no es que me queje, denuncio, que no es lo mismo. No sólo en la Bienal, en muchas otras programaciones que se hacen con el dinero público, y otras cosas como, por ejemplo, la enciclopedia de artistas flamencos en la que sólo falto yo; será que no existo o ellos no quieren que exista.


Precisamente, el flamencólogo José Luis Ortiz Nuevo -fundador de la Bienal de Sevilla, la cual dirigió durante varios años- comentó, en una entrevista en Sevilla Cultural, que El Cabrero utiliza su cante más como bandera de enganche que como verdadera reivindicación. ¿Cómo encaja críticas de este calibre?
Yo reivindico lo que me parece hasta fuera del escenario; quiero decir que, en mi vida como ciudadano normal y corriente, reivindico cosas y hasta he ido a la cárcel por eso. Pero, ¿tú crees que a mí, con cuarenta años de trayectoria en el cante, me puede importar algo lo que diga este hombre? Lo que sí es cierto es que sigo aquí a pesar de él y de algún otro de la misma catadura.
 

Tengo entendido que su afición por el cante jondo le viene de escuchar, en su más tierna infancia, a su madre, muy aficionada al cante de Manolo Caracol. ¿Cuando canta ‘Carcelero, carcelero’ en sus conciertos es un homenaje a ella, al margen de al genial cantaor?
Yo le hago un homenaje a Caracol, por admiración, porque era un cantaor excepcional, como lo fue Mairena y otros… Pero, cuando canto, me expreso como soy yo y como lo siento.

¿Qué otros cantaores le han influido en su carrera?
Hay muchos, según las épocas y la andadura, pero Juan Talega, Fernanda (de Utrera), Mairena, Caracol, Fosforito, Chocolate… ¡Hay tantos! A mí me ha influido todo el cante grande que he escuchado; unos más que otros y en diferentes estilos. Bien que he escarbado para defenderme en esta maravillosa y difícil música que es el cante jondo.

Si yo le digo Paco Toronjo… ¿qué me dice usted?
Otro fenómeno, en su género. Un maestro del poniente andaluz. Engrandeció el fandango de su tierra y nos invitó a cantar bien por ahí. Por otro lado, Paco fue uno de los compañeros con quien más amistad he tenido durante mi carrera. Conociéndonos bien el uno al otro. Y teníamos algo en común: el regusto del fandango, que es hablar poco y decir mucho, las verdades de la vida. (Risas)

¿A quiénes admira del panorama flamenco actual?
Admiro a los que cantan bien, por derecho, sin aditivos, y me gustan más las voces gordas, naturales. Pero sé que hay artistas con voz fina que cantan muy bien. Yo no he escuchado en directo ni a la mitad de los jóvenes, por eso no te doy nombre de ninguno.

Pese a ser considerado un adalid del cante flamenco tradicional, ha grabado dos discos de tango argentino (‘Sin remache’ y ‘Por los caminos del viento’). ¿Qué le cautivó de este estilo musical en su adolescencia cuando viajaba ex profeso desde su pueblo natal a la estación de autobuses de Sevilla para escucharlo en una gramola?
Me cautivaron tanto la ternura como la bravura de sus historias y, sobre todo, para darle a cada tango su grandeza, la voz de Carlos Gardel. Ese fue el que me llevó al tango, desde bien pequeñito. Hoy, tengo toda su discografía, unos novecientos tangos, y cuanto más lo escucho, mejor canta.

Además, y pese a su perfil purista (entendido como un respeto profundo por los palos tradicionales), ha colaborado en discos de grupos de rock, como Marea y Reincidentes. ¿Cómo surgieron estas colaboraciones?
Ellos me pidieron que colaborara y lo hice, en flamenco y con mucho gusto. Con Reincidentes, fue en directo, en Marinaleda, y con Kutxi, grabé en el estudio que tenemos en casa.


“Quiero hacer un disco con letras de Miguel Hernández cuando llegue el momento”


¿Cómo surgió la gira con Peter Gabriel por EE UU en el 93? ¿Qué recuerdos guarda de aquello?
Peter Gabriel vio una película (‘El Cabrero: el cante de la sierra’) que hizo la televisión francesa sobre mí. Le gustó y acarreó conmigo y con mi ‘comparito’ Paco del Gastor. Hicimos casi un mes y recorrimos media Norteamérica más un concierto en Inglaterra. Recuerdo, sobre todo, el paisaje, todo a lo grande: los tamujos, como aquí cualquier chaparra de doscientos años; los árboles más altos que haya visto en mi vida; el cañón del colorado, por lo más estrecho, lo más impresionante que he visto en cortadura y desolación… Esas cosas recuerdo. Y en los conciertos, explanadas de público.

¿Dónde se siente más a gusto, cuando actúa en festivales, o en recintos pequeños, como una peña, donde la cercanía del público es mayor?
Mi disposición es la misma en los sitios grandes o pequeños. Lo importante es estar a la altura de este arte que defendemos, y eso no entiende de recintos.

¿Cuál es su palo preferido del flamenco?
Si tuviera que quedarme con un solo cante, sería por seguiriya, con tres: seguiriya, soleá y fandangos. Pero, si en ese momento me embisten otros, me defiendo con ellos. Quiero decirte que me gustan mucho, enormemente, todos los cantes, incluso esos que no hago y escucho en otras voces.

¿Por qué la seguiriya?
Me gusta la seguiriya porque es como un árbol muy difícil de escalar y del que es peligroso resbalar, porque tiene una música punzante, muy desgarradora, de ayes, y de fatigas… Es un cante grandioso entre los demás. Y va con mi temperamento y con mi voz. Por todo eso me gusta.

¿Puede avanzarnos algo sobre el contenido de ese nuevo disco de flamenco, ‘Pastor de nubes’, que tiene previsto grabar tras su gira de verano?
Voy a intentar hacer un disco serio, profundizando en cantes que ya he hecho y añadiendo algún estilo que no he grabado antes. La guitarra va a ser la de Rafael Rodríguez, que es quien me acompaña desde hace tres años y estamos los dos muy empeñados en el contenido.


Fuente: http://www.revistalaflamenca.com/